Ríndete, no puedes hacerlo

“Ríndete, no puedes hacerlo”. “Si total no merece tanto la pena”. “Date por vencido”. Estas son algunas de las trampas que nos pone el cerebro para mantener el Status Quo. En nuestra mano está escucharlo o no.

Aquí te cuento mi propia experiencia.

 

Darse por vencidoRíndete, no puedes hacerlo

En septiembre participé en la carrera Madrid corre por Madrid, 10 Km a través de la ciudad pasando por sus calles más importantes. Desde el parque del Retiro a la puerta de Alcalá, Gran Vía, Sol y Paseo del Prado. Un recorrido muy bonito y con muchas subidas y bajadas que hacen que, en determinados momentos, vayas con la lengua fuera.

Pero empecemos por el principio. En este post quiero hablar de las propias trampas que nos pone el cerebro y que, a menos que estemos atento, caemos sin remedio. Esto se asemeja a cualquier proyecto que emprendemos y tiene un gran reflejo en nuestra vida.

Yo paso por varias fases en este tipo de eventos y creo que a mucha gente le pasa lo mismo. No soy el único (o eso espero). El primero, cuando me tengo que apuntar. Siempre hay un amigo que sugiere apuntarse a la carrera. En ese momento parece buena idea, incluso estoy motivado. “He estado entrenando y es una buena oportunidad de superarme”. Obviamente mi respuesta es sí.

Sin embargo, no me apunto en el momento. “Y es que puede ser que el resto al final diga que no vaya y ¿entonces? ¿Qué hago ahí yo sólo? ¿Y si al final no me viene bien? ¿Y si no estoy tan en forma como pienso? ¡Bah, date por vencido! ¡Ríndete, no puedes hacerlo!” Es mi cerebro el que genera estos pensamientos y pone la semilla del miedo en mí. “Si es que realmente da igual, no me apetece” se me ocurre para justificarme.

El primer punto, la decisión

Esta es la primera prueba. Nuestro cerebro está cómodo en su situación y no quiere cambios. Busca razones y motivos (algunos muy buenos) para que me mantenga igual que estoy. Y yo… ¡algunas veces hasta me lo creo! Estas son las mismas dudas que nos llegan cuando emprendemos algo nuevo o nos salimos de la rutina. “¿Merecerá la pena el esfuerzo? Si realmente no estoy tan mal. Puedo seguir como estoy…” ¡Qué tramposo es el cerebro!

Pero al final me apunto, porque total es poco dinero y no importa si al final no voy. No es una gran pérdida. Y los días van pasando. Se acerca la carrera. ¡¡Llega la víspera… qué pereza madrugar un domingo!! “Si es que no sé por qué me meto en estos berenjenales… Pero bueno, mis amigos van, no voy a ser el único que no vaya…” Parece que la unión del grupo inyecta ánimo en mi cuerpo y mi cerebro se calla convencido.

Segundo punto, el momento de ir

Pero mi cerebro no se había callado por convencimiento. Estaba cogiendo fuerzas para gritarme a voz en vivo desde el momento que el despertador empieza a sonar. “¡Qué sueño! ¿Pero para qué? Si puedo dormir más… aunque llegue un poco más tarde de la hora que hemos quedado no pasa nada… ¿y si no voy?”

Finalmente me levanto, me visto y salgo de casa.

Quiero pensar que mi cerebro lo hace con la mejor intención… ¡pero mira que me le gusta ponerme a prueba! Hasta ahora todo han sido frases para que no me moviera de mi sitio. Y eso mismo pasa con todo lo que nos proponemos en la vida y que nos cuesta un esfuerzo conseguir.

La de cosas que me ha dicho mi cerebro y todo esto sólo para tomar la determinación de llegar hasta la línea de salida. Esto se podría equiparar con todo el batiburrillo de pensamientos cuando nos enfrentamos a un problema nuevo, queremos cambiar de trabajo o mejorar algún aspecto. El cerebro nos dice cosas como que no merecerá la pena y que no servirá de nada. En el momento que le creas estás muerto. Todo quedará igual.

Tercer punto, la salida

10 Km por delante. Pienso: “¿Podré? Bueno ya estoy aquí, ahora no me voy a echar atrás. ¡A por ello!”

¿Son mucho 10 Km? Pues depende a quién le preguntes. Creo que para mí eran accesibles. Había estado entrenando mucho, pero hace mucho que no los corro, sobre todo en la calle, casi siempre ha sido en cinta, y es muy distinta la sensación. Para otros, será imposible y para los que están acostumbrados a los maratones serán un paseo. Lo importante no es si son muchos o pocos Km. Lo importante es si estoy preparado, si he hecho lo que tenía que hacer para terminar la carrera. Miro atrás y pienso que sí. Ánimo.

Salimos. Sé que es importante no precipitarse, no ir muy fuerte al principio y dosificar las fuerzas para no quedarme por el camino. Al igual que cuando emprendemos un nuevo proyecto o una búsqueda de empleo, es importante saber el recorrido que nos queda y no perder de vista lo que tenemos delante, porque de lo contrario no llegaremos al final.

Cuarto punto, la primera mitad

Veo gente que me adelanta. “¡Qué bien corren! ¡Qué mal voy yo con la lengua fuera y ellos tan frescos! ¡No debería haber venido!”. Curiosamente es más fácil fijarse en los que me adelantan que en aquellos a los que yo dejo atrás (que también son unos cuanto). Pero mi cerebro me hace fijarme en los otros, en los que van delante… y yo con la lengua fuera… y un pensamiento cruza mi mente: “¿y si abandono? Total, nadie me obliga, he venido porque he querido. Estoy cansado…”.

Me obligo a centrarme en mí mismo. Me olvido de los demás, no necesito fijarme en ellos. NO QUIERO fijarme en ellos. Soy yo sobre el que tengo el control. Son mis piernas las que siento. Son mis pulmones los que respiran. No es el ritmo de los demás, es el mío propio en el que debo fijarme. Mantenerme en camino, eso es lo importante, un paso tras otro, y otro, a cada uno que doy es uno menos que falta.

Igual que en la carrera profesional o el desarrollo personal, tenemos que centrarnos en uno mismo y aprender cuál es nuestro ritmo. Olvidarnos de la gente que ha llegado antes que nosotros. Ellos tienen otro ritmo, al igual que no les prestamos atención a aquellos que todavía no llegaron.

Quinto punto, la segunda mitad

Km 6. Mitad superada y el cansancio se extiende. Llega una subida. “Qué bien vendría descansar”, me dice mi cerebro. Es posible, pero sé que si me paro no volveré a arrancar. Me ha costado mucho llegar aquí. “¿Parar ahora?  ¿Darse por vencido? Sería como no haber hecho nada… ¡No me digas eso cerebro!”. Pero si puedo hacer algo. Adapto mi paso y mi ritmo. Voy más despacio, pero sigo avanzando. Nunca me paro por completo, esa es la clave. Ante una situación difícil o que parece imposible de solventar, tenemos que adaptarnos y seguir avanzando, aunque sea más despacio, pero continuar. Continuar en todo momento.

Más tarde estoy en otra cuesta, de repente me llega un olor muy desagradable. Será algo que hay por ahí. Sigo subiendo la cuesta. Ritmo bajo. Me pesan los pies. De repente otra ráfaga desagradable. Miro alrededor. Si es algo que hubiera en algún sitio lo habría pasado ya. Me doy cuenta de lo que es. Una corredora ha tenido un accidente (no voy a dar más detalles). Va delante de mí, por lo que no voy a librarme del olor a menos que la adelante. Pero me pesan los pies. No puedo. Sin embargo, si sigo así voy a vomitar. El olor es muy desagradable. Así que reúno fuerzas y ¡hago un sprint en plena subida! ¡Pero si hace un momento estaba para el arrastre! Nunca sabemos de lo que somos capaces hasta que nos enfrentamos a una situación que requiere algo extraordinario de nosotros.

Sexto punto, la llegada

Y continúo la carrera, he recuperado el ritmo. Los últimos km parecen más fáciles. Ya está casi todo hecho. Veo la meta, la ansiada meta. “Ya está, puedo hacerlo”. Incluso me permito subir el ritmo para mejorar un poco la marca. Y cruzo la meta con un gran regocijo. ¡He cumplido mi objetivo! ¡¡Y además me siento bien por haberlo hecho!!

Y entonces mi cerebro me dice: “¿Ves como podías hacerlo?” ¡Qué cachondo!

Mis conclusiones

De esta experiencia saco los siguientes aprendizajes que quiero compartir contigo:

  • Cuidado con lo que te dices a ti mismo, porque puede ser que sólo sean excusas para evitar moverte de tu zona de confort
  • No te fijes en los demás. Ve a tu propio ritmo.
  • Sé flexible, adáptate a las circunstancias
  • Rápido o lento, lo importante es seguir adelante
  • Hay una fuerza en ti que no conoces y que permanecerá oculta hasta que la necesites. Entonces te sorprenderás de las cosas que eres capaz de hacer
  • Merece la pena recorrer el camino y conseguir tus objetivos. La sensación de triunfo es maravillosa

Espero que te haya gustado este post. Nos vemos la semana que viene.

¡Te deseo una exitosa vida profesional y personal!

4 comentarios en “Ríndete, no puedes hacerlo

  • https://www.youtube.com/watch?v=By1JQFxfLMM
    En una carrera como la de este vídeo a veces solo nos fijamos en los que llegan antes a la linea de meta pero no nos fijamos en el número de zancadas que dan sus rivales dando el 100%. En este deporte por supuesto gana el mas rápido.
    En mi opinión el mejor resultado no está necesariamente en lo que se consigue, sino en lo que seamos capaces de mejorar en la vida como personas y en el trabajo por nuestras habilidades mas que por la cantidad de títulos, premios, dinero o seguidores que tengamos.
    Gracias por el artículo.

  • He apuntado las conclusiones para tenerlas presentes en el día a día. Porque cada día surgen pequeños retos, y es importante tener presente nuestro objetivo. Me gusta especialmente el de “se puede bajar el ritmo, pero no detenerse. Siempre avanzar”.
    GRACIAS!! 🙂

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