Primero lo primero

Primero lo primero

Con este post quiero cerrar la saga de la productividad, al menos de momento. Ya os he hablado del mito de la multitarea y del experimento que empecé en marzo sobre medirme el tiempo. Y ahora, primero lo primero 😉

Hoy quiero hablar de hacer primero lo primero. Parece obvio, ¿verdad? Bueno, si fuera tan fácil pues la verdad es que no haría falta escribir sobre ello. Pero escribo porque no siempre es fácil. Es más, parece que nos cuesta mucho.

¿Cuántas veces has dejado de hacer eso que es importante para ti o que simplemente tienes que hacer, por hacer otras cosas menos urgentes? Creo que, para mí, el ejemplo más claro es cuando estudiaba en la universidad. En el momento que tenía que ponerme a estudiar, siempre encontraba algo mejor que hacer. No más importante, pero sí algo que me distrajera suficiente de lo que tenía que hacer como para que al final no me diera tiempo a hacerlo. Por ejemplo, ordenar la habitación, planchar la ropa… cualquier ocurrencia se me antojaba sencillamente más urgente que lo importante que tenía que hacer.

Para cuando acaba de hacer eso, ya era muy tarde o estaba lo suficientemente tarde como para que me autoconvenciera de que… “bueno, ya lo hago mañana”. Curiosamente al día siguiente me ocurría lo mismo.

Iba a hacer algo importante pero…

Es como ese pensamiento que de vez en cuando me viene a la mente: “Iba a hacer algo importante pero encontré una excusa mejor”. ¿Te ha pasado también a ti algo parecido?

Porque claro, una cosa es lo urgente y otra lo importante. No se parece en nada y valdría la pena dedicarle un post entero a esta diferencia (me lo apunto para hacerlo en el futuro).

La cuestión es que posponemos muchas veces esas tareas tediosas que, si bien sabemos que son necesarias, no nos gusta hacer y las vamos dejando y dejando… es más fácil así que enfrentarse a ellas de primera.

Puede ser eso que muchos llaman procastinación, puede ser miedo a enfrentarse a algo que no controlamos, puede ser un pensamiento de que no lo merecemos…

Sea lo que sea, la única verdad es que por mucho que mires a otro lado, esa tarea sigue ahí, y tú lo sabes. No puedes evitar pensar que está pendiente, que tienes hacerlo. Ese pensamiento es como una piedra que pones en la mochila de tu espalda.

Y según lo vas posponiendo, vas añadiendo otra piedra, y otra, y otra… y finalmente sientes el peso del mundo a tus espaldas. Estás de mal humor, duermes mal… hasta puedes llegar a pensar que “ya total, como voy tarde, un poco más da igual”. Y con ese pensamiento, esa tarea sigue ahí, rondando a tu alrededor, contigo.

Hay que hacer primero lo primero

Y es que eso tiene varias ventajas. Lo primero de todo es que ya lo tienes hecho. Quizá sea difícil, quizá te lleve tiempo, pero ya lo tienes hecho. Y eso te va a llenar de orgullo y satisfacción. ¡Menuda ligereza se siente!

Además, cualquier cosa que venga después, siempre será más fácil, porque ya has hecho lo difícil.

Por ejemplo, yo cuando tengo varios libros pendientes para leer, siempre empiezo por el que más páginas tiene. De esa forma, lo cojo con muchas ganas porque es el primero y siempre lo leo más de seguido. Cuando lo acabo cojo el siguiente más grueso, y así sucesivamente. Cuando voy por el último, que ya a lo mejor estoy más cansado de leer sobre ese tema, me anima bastante ver que son pocas páginas o el saber que lo más complicado ya está hecho.

Con las tareas pasa lo mismo. Saber que lo difícil está hecho, que lo siguiente es más fácil, que lo hago cuando estoy más descansado… A mí, personalmente, me ayuda mucho para organizarme el trabajo y aprovechar el tiempo. Teniendo los objetivos del día y los semanales claros, puedo hacer todo lo que necesito y tener tiempo para descansar y disfrutar del tiempo libre con mis amigos.

Los días así son más productivos. Pero eso sí, para eso, hay que hacer primero lo primero que hay que hacer.

¿Te atreves a hacerlo? ¡A por ello!

¡Feliz Semana Santa!

4 comentarios en “Primero lo primero

    • Hola Mercedes,
      Es justo al revés. La planificación nos sirve para dedicar tiempo a lo importante, lo que de verdad queremos hacer y así poder ir avanzando hacia nuestro objetivo.
      Lo urgente, por lo general, nos aleja de nuestro objetivo.
      Imagina que para ti es importante dar un paseo y quieres ir a una tienda en concreto. Si vas con tiempo, podrás ir paseando, eso lo importante. Sin embargo, si la tienda te va a cerrar, es urgente que llegues a tiempo, por lo que no irás paseando. Cogerás coche, metro o irás corriendo. Por tanto, dejas de hacer lo importante por lo urgente.

      Espero que te sirva el ejemplo.
      Gracias por comentar!

  • En mi caso suele ser pereza… Aquí también entra “lo importante” VS “lo urgente”. A veces no es fácil saber si algunas cosas son realmente importantes… ¿Cuánto tiempo está bien dedicarse a uno mismo o a los amigos? Tener claro dónde está el equilibrio…

    • Gracias por tu comentario Belén.
      Quién decide qué es lo importante para ti en cada momento eres tú misma. ¿Por qué es importante? ¿Para que te sirve? ¿Te acerca o te aleja de tu objetivo?
      Aunque no tengas claro dónde está el equilibrio, puedes probar distintas combinaciones hasta encontrarlo.
      Buen finde!

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